En el actual marco ecónomico y analizando la oferta de productos financieros cabe destacar la emisión de deúda pública como una solución satisfactoria para el estado y el inversior. El esfuerzo en captar su demanda puede ser fundamental en la elaboración de los próximos presupuestos del estado.
La vieja alternativa de comprar deuda pública se ha convertido en una oportunidad para el inversor y una vía de escape para las arcas del estado.
Própositos y actualidad
La situación actual en España no invita al optimismo. La máxima de cualquier cartera de inversión es obtener una rentabilidad superior a la inflación. En caso contrario no existe plusvalía neta. Si partimos de una subida interanual del 4,9 % y una previsión a la alza que prevé superar el 5,3 % del pasado julio; las posibilidades de obtener esa revalorización son limitadas.
Los depósitos de captación nos permiten obtener rentabilidades a corto plazo pero las renovaciones difícilmente alcanzarán el tipo de interés referenciado por el BCE (Actualmente el 4,25 %). La renta variable nacional e internacional es negativa. Los ETF’S cotizan como acciones y nos permiten invertir en una variedad de subyacentes pero en el marco actual no nos garantizan una rentabilidad positiva. Los productos estructurados no superan en la mayoría de casos el 4 % T.A.E.
Descartados acciones, fondos de inversión, productos estructurados, derivados, ETF’s y bonos con dudosa calidad crediticia podemos refugiarnos en la renta fija privada o en la pública (deuda pública).
La renta fija privada nos permite obtener una rentabilidad más elevada cuando su calidad crediticia es inferior. La coherencia y la prudencia no invitan a asumir tales riesgos. En tal caso debemos acudir a las tradicionales emisiones de letras, bonos y obligaciones.
Es una obviedad que estas emisiones no nos permitirán superar nuestra barrera inflacionista pero también es una evidencia que es la fórmula que mejor resuelve la ecuación de rentabilidad y seguridad. Sabemos dónde invertimos, tenemos garantías de su solvencia y obtenemos una ganancia neta igual o superior a la mayoría de instrumentos financieros. Si añadimos la exención de la retención en las emisiones a corto plazo encontramos en las vías tradicionales una digna salida.
El Gobierno: el gran Benefactor
La deuda pública, un viejo instrumento de la política fiscal, volverá a cumplir un papel fundamental en la estrategia presupuestaria del Gobierno. El vicepresidente Pedro Solbes volverá a tirar del endeudamiento del Estado en 2009 para no dejar caer ni la inversión pública ni el gasto social como consecuencia del fuerte deterioro de la actividad económica, y que se ha traducido ya en una fuerte ralentización de los ingresos del Estado.
Las nuevas emisiones pueden ser un salvoconducto si se estimula correctamente la demanda para cuadrar los temidos presupuestos del próximo año. Ciertamente la recesión y el déficit presupuestario parecen realidades inmediatas pero en ocasiones tenemos la solución más cerca de lo que creemos.
Tags: Deuda Pública, Estado, inversiones, Renta Fija
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