El gobierno de los EEUU ha decidido continuar con su plan anti crisis y comprará directamente los activos tóxicos que han provocado la primera crisis de la temida y admirada globalización. Una alianza de Occidente y Oriente a largo plazo parece la única salida para corregir errores del pasado.
El gobierno de los EEUU ha decido intervenir profundamente en el plan anti crisis y ha decidió directamente comprar o subrogarse las hipotecas de las entidades financieras.
El ejecutivo pretende hacer desaparecer los activos tóxicos
Una vez aprobado el plan anti crisis en el congreso de los Estados Unidos de América y a la espera de un acuerdo consensuado que describa un plan de acción concreto el actual gobierno esta decidido ha culminar su acción.
La deuda soberana que ha permitido financiar dos guerras que más allá de las connotaciones morales y éticas ha costado una factura excesiva y la crisis financiera son la herencia que Bush entregará a Obama o McCain. Ante esta situación y a la espera de las acciones concretas del G-20 es remarcable que el estado americano ya haya optado por subrogarse la deuda de dudosa calidad crediticia y recuperar a cualquier precio la confianza de las empresas, bancos y ciudadanos.
La mayor subida de la bolsa del año, una jornada donde por fin se respira cierto optimismo y una disminución en el tipo interbancario son utilizados como argumentos que justifican el modelo intervencionista.
¿El resto de países miembros del G-20 imitarán a EEUU?
El problema que tiene ya no solo Bush sino el resto de países de las denominadas economías desarrolladas es controlar la primera gran crisis de la exaltada y criticada a partes igual globalización. Recordemos que el origen de los activos tóxicos son hipotecas de dudoso cobro con una alta prima de riesgo que eran titulizadas y vendidas con alta calidad crediticia a bancos de inversión que a su vez se apalancaban y emitían bonos comercializados en todo el mundo con esas garantías.
En resumen un inversor de Melbourne, Madrid, Cancún o Moscú se podía ver perjudicado porque una familia de Maryland no pagará su hipoteca.
Si tenemos en cuenta el efecto multiplicador del dinero el señor Bush, su congreso, su tesoro público y la reserva federal tendrían que absorber una deuda superior a su propio PIB. Algo impensable, utópico e imposible aunque contará con la colaboración de otros países.
Aunque la consideremos como la primera potencia del mundo la migración de capitales especialmente a Asia (China, Dubái, India, Arabia Saudí) representada por fondos soberanos ha cambiado el panorama geopolítico actual y posiblemente de un futuro muy cercano. Parece una ironía del destino pero posiblemente la unión de occidente y oriente pude ser la única salida para solventar esta primera crisis global. Si hablamos de economías de escala también lo tendríamos que hacer de crisis de escala.
Tenemos la idílica e ilusa esperanza que esta crisis de un sistema que promovía abiertamente la desigualdad y el desequilibro en la repartición de la riqueza concluya con un mundo más equilibrado y equitativo. Nunca los excesos fueron buenos para el planeta y sus habitantes. Y este es un solo un ejemplo más
Tags: EEUU, G20, Globalización, Hipotecas
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