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Información, disponer de ella ¿es tener el poder?

Escrito por Jordi / 16 de febrero de 2009

No hay nada más importante para desenvolverse en el mundo de la economía como disponer de buena información, eso nos llevará a tomar buenas decisiones.

La información es poder se escucha decir, pero más bien diría yo que el saber canalizar esa información es lo que nos otorga el poder, no el disponer de la información en sí misma.

¿Información es poder?

Nos movemos en una sociedad y un entorno altamente tecnológico, donde las barreras han desaparecido, los tiempos se han acortado hasta hacernos globalizados prácticamente en tiempo real y las distancias se difuminan.

En este entorno expuesto la información fluye como nunca había sucedido, la información se ha democratizado hasta tal punto que el problema ya no es de acceso a la información si no de tratamiento, análisis y comprensión de la misma, y todo ello ¿en qué puede ayudarnos en nuestra toma de decisiones económicas?

La información adaptada a la economía

Si a priori todo el panorama anteriormente expuesto tendría que suponer un gran avance en la toma de nuestras decisiones económicas y ello nos tendría que ayudar a éstas sean mejores y más acertadas que antaño, ¿por qué no es así?

SI bien es innegable el poder de la información y es innegable los beneficios que podemos obtener a través de ella, pues el disponer de información es un elemento clave para poder tomar decisiones con menor riesgo y con mayores posibilidades de éxito; también es cierto que un exceso de información como ocurre en la actualidad donde un ser humano en un solo día puede recibir mayores inputs informativos que en toda su vida nuestros antepasados, puede llevarnos a la desinformación.

Y llegar a la desinformación puede ser y es tan grave como no disponer de información, pues en ambas situaciones nos encontramos que el sujeto que tiene que decidir no es capaz de decidir porque o no dispone de la información o aún disponiendo de ella es como si no dispusiese de la misma, pues tal ingente cantidad de datos, incluso a veces contradictorios le han llevado a la confusión más absoluta.

¿Y dónde está entonces la solución? La respuesta es bien clara y sencilla, en la capacidad de procesamiento y análisis de la misma, en el saber discernir de entre toda la información recibida la que no es importante, la que es de utilidad. Saber extraer de todo lo recibido el jugo que nos tiene que llevar un paso adelante que todos los demás, saberla canalizar adecuadamente para que un exceso de la misma no nos sature y nos engrillete en nuestras decisiones.

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